El libro de las horas contadas

El libro de las horas contadas no es un libro cualquiera; es una obra maestra de José María Merino. El lector tiene que cuestionar sus propias definiciones de lo que es una narración debido a la estructura innovadora del libro. Me niego a decir “novela” por el simple hecho de que no lo es. Verdad es que hay personajes principales que experimentan y participan en una variedad de sucesos – Pedro, Mónica, Fran y otros – pero uno tiene que leer el libro entero para salir con tan sólo una imagen de los personajes. Difícil tarea es resumir la obra porque no queda claro qué es lo que realmente sucede, y qué es lo que ha sido una fantasía de los personajes.

El autor juega siempre con la metaficción y la mente del lector, y una vez terminado el libro, el lector no estará seguro de qué pasó. A nivel estructural, la obra se divide en capítulos: cada capítulo puede ser una narración en prosa como si fuera un capítulo de una novela, y otros capítulos son colecciones de microrrelatos (lo que se comentarán más adelante).

Los capítulos “narrativos” por así llamarlos  resultan ser más bien cuentos que partes de una novela dado que no siempre hay coherencia ni concordancia entre los capítulos. El caso más ejemplar es el primer capítulo, “El meteorito.” El lector abre el libro a la primera página, le el título del capítulo, y sigue leyendo sobre un recuerdo que tenía Pedro sobre su niñez. Según Pedro, su esposa Mónica y su amigo en común Fran se habían acostado cuando eran jóvenes. Pedro se enteró cuando iba a buscar un meteorito que se había caído del cielo, pero los acusados amantes nunca sabían que Pedro los había visto. El lector sigue leyendo el segundo capítulo, y luego el tercero: cuando Mónica lee algún manuscrito que Pedro había escrito, y ese manuscrito resulta ser lo que habíamos leído en el primer capítulo. Pedro, el autor de este manuscrito, confiesa que ha sido una ficción y nada más.

Esto es un buen ejemplo de lo que llamamos metaliteratura, es decir, literatura que se refiere a sí mismo. Entonces, ¿cuál de los capítulos es la “verdad”, el primero o el tercero? No sabemos qué creer. O el primer capítulo es una ficción, y en tal caso el tercer capítulo es la “vida real” de los personajes, o el tercer capítulo es la ficción, lo cual quita la duda que teníamos sobre el primer capítulo. Esta confusión narrativa, los múltiples niveles muy complejos del libro, nos impide al lector a tener una imagen de la “historia verdadera”. Hasta en este mismo tercer capítulo, se le ocurre a Pedro escribir un libro y titularlo El libro de las horas contadas.

Otros capítulos son colecciones de microrrelatos, que son historias o cuentos enteros pero con pocos palabras: semánticamente económico y pragmáticamente rico. Lo que no se cuenta es tan importante, o quizás más, que lo que sí se cuenta en un microrrelato. El microrrelatista cuenta con la imaginación del lector para rellenar los huecos. Lo curioso de los microrrelatos en este libro es que cada serie de microrrelatos tiene un tema principal en común, y este tema tiene que ver con el capítulo narrado anterior. Los temas varían desde el existencialismo a lo fantástico, lo microscópico a lo cósmico.

De los libros que se publican hoy en día, sólo se suele conocer la “literatura popular” – es decir, 50 sombras, Los vampiros del crepúsculo y Los juegos de hambre, por ejemplo. No quiero decir que éstas sean malas obras, pero hay una distinción entre literatura popular y literatura alta. El libro de las horas contadas pertenecería a literatura alta de hoy en día, una hazaña dificultosa en la edad de videojuegos y Twitter, pero cualquier lector puede disfrutar mucho de esta lectura (y seguramente una relectura).

Valoración: 10/10

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¿Por qué leer?

 

Literatura es, en pocas palabras, una extensión de la mente humana. En los estudios lingüísticos, se habla mucho de universales: siempre hay un sujeto, verbo y objeto. Hay algo arraigado en el cerebro del ser humano que hace que los idiomas tengan una estructura basado en algo universal. Se ha dicho que si viniera un habitante de otro planeta a la Tierra, sólo observaría un idioma humano (con variaciones pequeñas).

Literatura también tiene universales y hay una parte fija del cerebro dedicado a ella. Algunos, como Mark Turner, argumentan que todos tenemos una “mente literaria” y es lo que nos hace humano – y argumentan que, de hecho, el lenguaje humana se vino como producto de la necesidad de comunicarnos mejor en nuestra evolución. Viene de necesitar hablar de nuestras situaciones, de aprender de las situaciones de los demás y aplicar lo que hemos aprendido a la nuestra. Observo cómo mi vecino simio se escapó del tigre para que luego sepa yo cómo escaparme, y así nuestra población sigue intacto.

Esto es algo que siempre sabíamos, pero que sólo hace poco se ha confirmado con estudios formales. Pasamos en el tiempo desde los primeros seres humanos al primer siglo AD. Seas o no religioso, la Biblia es una serie de historias y cuentos. Hasta Jesucristo enseñaba en parábolas, que son cuentos alegóricos y ficticios con mensajes morales. Pasamos a la Edad Media. En El conde Lucanor de don Juan Manuel, el conde tiene un problema y le pide consejo a Patronio. En lugar de responderle directamente con “Haz así, no asá,” Patronio le cuenta una historia y el conde Lucanor aprende la lección a través de la ficción. Claro, dices tú, éstos son personajes ficticios, por supuesto que van a aprender algo del otro personaje, pero esto es ficción. Pasamos, pues, al siglo XIX. Las Fábulas que escribió Samaniego suelen tratarse de animales hablantes que aprenden alguna moraleja. Escribió estas fábulas con la intención explícita de enseñar moralidades a niños. ¿Te suena el cuento de la lechera? Existen innumerables versiones del cuento, desde la época griega antigua hasta hoy en día, y esto es una pura ficción – pero con algo intrínsecamente sabio y humano, casi tangible, cuya lección podemos aplicar a nuestras vidas hoy en día.

¿De qué van los libros (y luego las películas) de Los juegos de hambre? Opresión y abuso de los pobres por parte de los ricos y privilegiados. Aunque el concepto de los Juegos en sí es innovador, el tema es todavía igual y es algo cien por cien humano. Hasta las máquinas de La mátrix están intentando conservar su poder y supremacía sobre los seres humanos – a pesar de ser máquinas, los temas y motivos son aún así muy humanos. Literatura es mucho más que palabras escritas en una página. Es parte de lo que es un ser humano. Un perro puede ladrar, un pájaro puede gorjear, y hasta los simios pueden aprender el idioma de signos de sordomudos. Pero sólo el ser humano es capaz de extender su mente a símbolos iconográficos y transmitir ideas, ideas poderosas, románticas, tristes, codicias, eróticas, blandas, hambrientas, contagiosas, muertas y vivas. Leer y estudiar literatura es escudriñar una mente humana, lo cual en sí es algo influida por y que influye la sociedad en la que vivía (o sigue viviendo). Es hacer lo que siempre hacíamos: observar cómo mi vecino simio escapó del jaguar para escaparme yo.