¿Por qué leer?

 

Literatura es, en pocas palabras, una extensión de la mente humana. En los estudios lingüísticos, se habla mucho de universales: siempre hay un sujeto, verbo y objeto. Hay algo arraigado en el cerebro del ser humano que hace que los idiomas tengan una estructura basado en algo universal. Se ha dicho que si viniera un habitante de otro planeta a la Tierra, sólo observaría un idioma humano (con variaciones pequeñas).

Literatura también tiene universales y hay una parte fija del cerebro dedicado a ella. Algunos, como Mark Turner, argumentan que todos tenemos una “mente literaria” y es lo que nos hace humano – y argumentan que, de hecho, el lenguaje humana se vino como producto de la necesidad de comunicarnos mejor en nuestra evolución. Viene de necesitar hablar de nuestras situaciones, de aprender de las situaciones de los demás y aplicar lo que hemos aprendido a la nuestra. Observo cómo mi vecino simio se escapó del tigre para que luego sepa yo cómo escaparme, y así nuestra población sigue intacto.

Esto es algo que siempre sabíamos, pero que sólo hace poco se ha confirmado con estudios formales. Pasamos en el tiempo desde los primeros seres humanos al primer siglo AD. Seas o no religioso, la Biblia es una serie de historias y cuentos. Hasta Jesucristo enseñaba en parábolas, que son cuentos alegóricos y ficticios con mensajes morales. Pasamos a la Edad Media. En El conde Lucanor de don Juan Manuel, el conde tiene un problema y le pide consejo a Patronio. En lugar de responderle directamente con “Haz así, no asá,” Patronio le cuenta una historia y el conde Lucanor aprende la lección a través de la ficción. Claro, dices tú, éstos son personajes ficticios, por supuesto que van a aprender algo del otro personaje, pero esto es ficción. Pasamos, pues, al siglo XIX. Las Fábulas que escribió Samaniego suelen tratarse de animales hablantes que aprenden alguna moraleja. Escribió estas fábulas con la intención explícita de enseñar moralidades a niños. ¿Te suena el cuento de la lechera? Existen innumerables versiones del cuento, desde la época griega antigua hasta hoy en día, y esto es una pura ficción – pero con algo intrínsecamente sabio y humano, casi tangible, cuya lección podemos aplicar a nuestras vidas hoy en día.

¿De qué van los libros (y luego las películas) de Los juegos de hambre? Opresión y abuso de los pobres por parte de los ricos y privilegiados. Aunque el concepto de los Juegos en sí es innovador, el tema es todavía igual y es algo cien por cien humano. Hasta las máquinas de La mátrix están intentando conservar su poder y supremacía sobre los seres humanos – a pesar de ser máquinas, los temas y motivos son aún así muy humanos. Literatura es mucho más que palabras escritas en una página. Es parte de lo que es un ser humano. Un perro puede ladrar, un pájaro puede gorjear, y hasta los simios pueden aprender el idioma de signos de sordomudos. Pero sólo el ser humano es capaz de extender su mente a símbolos iconográficos y transmitir ideas, ideas poderosas, románticas, tristes, codicias, eróticas, blandas, hambrientas, contagiosas, muertas y vivas. Leer y estudiar literatura es escudriñar una mente humana, lo cual en sí es algo influida por y que influye la sociedad en la que vivía (o sigue viviendo). Es hacer lo que siempre hacíamos: observar cómo mi vecino simio escapó del jaguar para escaparme yo.

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